Vía El País
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Miguel Escobar – Boris
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Las cabañuelas suelen hablar del clima. ¿Podrán hacerlo también con un clima personal?
Hay tradiciones en las que, de pronto, te descubres mirándolas con la seriedad con la que uno mira una vela encendida. Por eso me gustan las cabañuelas.
Para quien no las ubique: las cabañuelas son una práctica popular de lectura del tiempo. Se observan los primeros días de enero y se interpretan como un anticipo del clima que podría traer el año. Su valor no está en la exactitud, sino en lo que te hacen sentir: una manera de mirar, registrar y encontrar patrones.
Ya sé: suena a magia de abuela (y justo por eso me gusta). Son una forma de convivir con la incertidumbre, apoyándose en una intuición con memoria colectiva.
Pero mientras más lo pienso, más se estira la liga… Si el clima del año puede leerse como presagio, ¿qué tal el clima de una persona? Es decir: los primeros días del año como un resumen en clave de cómo podría transcurrir: con quién te cruzas, qué pendientes te persiguen, qué cosas te dan paz o te incomodan.
Por eso hice este registro: del 1 al 12 de enero. Un día por cada mes del año que comienza. Lo que sigue es mi pronóstico personal para 2026: una lista tal cual ocurrió, con interpretaciones mínimas cuando se dejaron ver. Un ejercicio para cachar qué señales aparecen cuando uno pone atención.
Jueves, 1 de enero – Enero: El 31 de diciembre termina para mí el ciclo de un 2025 muy golpeado. Comienzo el año con rastros del año anterior y, literalmente, cubierto de harina. Pero también lo comienzo contento, rodeado de gente que me hace sentir que me quiere. Iniciamos el año comiendo pizza. Tomo esto como una señal de que será un buen año.
Viernes, 2 de enero – Febrero: Tembló. Sin embargo, el resto del día transcurre sin mayor novedad tras el susto mañanero. Lo paso con la visita de dos amigos muy queridos. Salimos en parejas. Nos llevan a un lugar que no conocíamos y que, en lo particular, me agrada y me sorprende por las posibilidades que ofrece: una sala de juegos de mesa.
Sábado, 3 de enero – Marzo: Inicia el día con un desayuno con otro grupo de amigos a los que quiero desmedidamente. Uno de ellos, que vive en Guadalajara, anuncia que regresará a fines de marzo o principios de abril para celebrar su cumpleaños. Esto empata perfectamente con la idea de estas cabañuelas. Después del desayuno, paseamos por el Centro. Para finalizar, fuimos al cine.
Domingo, 4 de enero – Abril: Fue un día muy tranquilo, pero se dejó sentir el regreso a las actividades cotidianas. Pasé una parte del día lavando ropa, actividad que disfruto aunque sea una labor doméstica.
Lunes, 5 de enero – Mayo: Fui al dentista. Le di fin al tratamiento bucal que me estaban realizando. Eso significa que no lo sufrí, sino que terminé con la dentadura un poco mejor de lo que la tenía. Como señal de estas cabañuelas, esto significa que me estoy prestando atención. Y eso está bien. Surge de imprevisto ir a cortar una rosca de reyes por la noche. Más de este tipo de planes de último minuto, por favor.
Martes, 6 de enero – Junio: Noto que se me comienza a dificultar darle seguimiento a estas cabañuelas. Cada vez más se siente el ajetreo de las actividades cotidianas. Comienzan a llegar las notificaciones de próximos pendientes y de pendientes vencidos del año pasado. En el sentido de estas cabañuelas, me hace sentido que a mitad de año se detone una gran cantidad de actividades. Hoy siento que hizo calor, por lo tanto, pienso que junio viene caluroso.
Miércoles, 7 de enero – Julio: Resuelvo algunos pendientes que datan del año pasado. Esto es una buena señal: lo interpreto como que, tarde o temprano, estaré sacudiendo mis asuntos sobre la mesa, aunque tenga que llevarlos uno a la vez. Una persona que sé que me quiere ve mi agobio y trata de inyectarme ánimos, cosa que agradezco muchísimo. Sin embargo, aunque su intención es buena, su forma de hacerlo no lo es tanto. En esta dinámica, me platican sobre otras personas que actualmente no están en su mejor situación, con miras a que no me sienta mal y lo vea como un aliciente para entrar en acción.
Jueves, 8 de enero – Agosto: Nuevamente, noto que se me dificulta llevar este breve registro diario. Me siento un poco incómodo, ansioso, quizás, porque el mundo ya entró por completo en actividades y yo me siento pasmado haciendo labores domésticas. Por la tarde, no me puedo concentrar. Estimo que este mes será lluvioso porque noto mosquitos y grillos en el ambiente.
Viernes, 9 de enero – Septiembre: Entro a una dinámica de dejar resueltos algunos pendientes. Sin embargo, me gana el tiempo. A pesar de todo, quiero pensar en lo mejor y ser optimista. A partir de este punto, pasaré los días siguientes de visita en otro lugar que no es mi casa. Por la noche, paso rodeado de gente que me hace sentir querido, platicando hasta entrada la madrugada.
Sábado, 10 de enero – Octubre: El día es frío. Supongo que la temporada de fríos se dejará sentir desde temprano este año. El fin de semana favorece que descanse, vengo desvelado de la noche anterior. El día transcurre con tranquilidad. Sin embargo, por la noche, un resfriado azota a mi compañía y le termino buscando un caldo de pollo para cenar. Interpreto esto como una señal de que, a pesar de todo, puede haber altibajos a lo largo del año.
Domingo, 11 de enero – Noviembre: Claramente, el resfriado de la noche anterior modifica cualquier plan. De todas formas, aprovechamos que es fin de semana para descansar. No lo veo mal. Paso la tarde haciendo algunas actividades domésticas, como lavar ropa. No me pesa. Incluso, lo disfruto.
Lunes, 12 de enero – Diciembre: A nivel de estas cabañuelas, se podría decir que cierro el año de forma inesperada. Me quedo con la moraleja de que, a lo largo de un año, no se pueden cumplir todos los planes como uno se los propone. Pero, de igual manera, hay eventos que, aunque no estén en el mapa, no están nada mal. Regreso a mi punto de origen solo para volver a salir. En un extraño balance, siento que quedo en paz en un lugar, mientras que, en el polo opuesto, se gesta cierta incomodidad. Cierro el día —y, por lo tanto, el pronóstico del año— cenando en grata compañía. A pesar de esto, la cena no quedará exenta de preguntas embarazosas y pláticas incómodas. Podría pensar que esto es un pronóstico de lo que podría pasar en las cenas decembrinas. Pero, más que eso, lo tomo como una advertencia: un aviso para tomar ciertas cartas en el asunto y no cerrar así el presente año.
Y ya. Espero, de todo corazón, compartirles en diciembre un resumen de cómo transcurre este 2026. Así está el pronóstico, ahora toca ver cómo se van dando las cosas.
B.
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Miguel Escobar – Boris
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Se pronostican buenas vibras.
Soy aficionado a leer el horóscopo. Es algo que me divierte mucho. Leí la predicción para mi signo este año que comienza y viene especialmente optimista, incluso en comparación con otras.
Esto me hace querer compartirla, independientemente del signo que sean cualquiera de ustedes. Me gustaría que esta predicción la tomara para sí todo el mundo a quien le vibre o le resuene, sin importar si uno es X, Y o Z. Por eso se las vengo a dejar. Se las regalo.
El horóscopo dice así:
Este año vas a tener un trabajo estable y, paralelamente, un negocio. No está muy claro cómo le vas a hacer, pero muy bien por ti. Se vienen viajes: si se te presenta la oportunidad, acepta. ¿A qué te quedas?
Sigue adelante, no te detengas y no tengas miedo. Todo lo bonito te llega. Este es tu año. Rodéate de gente que te eche porras y te apoye. De esta manera, tu camino va a llegar muy lejos y, si tienes alguna carga, te será más llevadera.
Este año estará lleno de bendiciones, pero también de cambios que ni siquiera imaginas en este momento. Acepta ambas cosas: una es parte de la otra y viceversa. Fluye y no pongas trabas, verás que todo sigue su propio camino. Y, por supuesto, tú seguirás tu propio camino también.
Muy buena vibra para todos.
B.
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Miguel Escobar – Boris
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Hay años que no se viven, se sobreviven.
En ocasiones, cuando a una persona se le ve un semblante maltratado, de cábula se le dice que «lo corrieron en terracería, incluso con todo y el freno puesto». La analogía no solo alude al uso rudo, sino también al maltrato que se le puede dar a un vehículo: ese que todavía jala, pero cuyo deterioro es notorio.
Se puede decir que este 2025 estuve corriendo en terracería. Aunque no quisiera, para bien o para mal, este año será recordado por un alud de eventos canónicos que se dejaron sentir: algunos por lo duro y otros por lo tupido.
Si bien dicen que «los tipos duros no bailan», también es cierto que, de tanto aguantar, uno termina con contusiones en la mollera. Entonces, la cosa no es ponerse a dar de topetazos, sino no amarrarse y dejar fluir las cosas.
Y pues sí: a la fecha en que esto se escribe, algunas personas me han recomendado que «hay que dejarse sanar». Como reza el viejo refrán, cada quien entiende eso como Dios le da a entender… o como a cada quien se le da la gana.
Justo me iba a poner a hacer el recuento, pero la neta no sé si valga la pena. Aún dudo si quiero recordar todo lo que ha pasado, aunque de eso va este texto.
La salida de una persona fundamental en mi equipo de trabajo. El cierre de varios negocios en mi barrio, a los que frecuentaba y les tenía estima. El derrumbe de varias casas en mi zona para convertirlas en edificios. El luto inconcluso por una persona cercana.
La enfermedad, agonía y muerte de otra persona a la que amé (y amo muchísimo). Una serie de reparaciones domésticas que, hasta el momento, habían tardado en concretarse. Una separación necesaria, pero separación a final de cuentas. Otra muerte más, ahora la de una mascota.
El cierre de la empresa donde trabajaba. Enterarme del cierre de otras empresas, incluso una en particular donde trabajaba un querido amigo. Financiarme con créditos, tarjetazos y préstamos. Un resfriado con tos de perro que ya duró más de lo debido.
Una serie de sesiones con el dentista para no dejar caer una dentadura con más hoyos que una carretera con las coladeras abiertas. Y eso es de lo que me acuerdo…
A final de cuentas, creo que es como si todas estas cortaduras fueran necesarias para poderme liberar de una piel antigua y estirarme a gusto. Vamos viendo.
B.
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Miguel Escobar – Boris
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