Aquí se han aguantado
decisiones equivocadas,
manchas accidentales e incidentales,
cortes, rupturas y desviaciones,
golpes por encima y patadas por debajo.

Pero también ha sido el soporte
del comienzo de muchas buenas cosas,
de noches de desvelo que no se sienten,
un lugar para soportar la carga,
el sitio con el plan maestro.

Simple y llanamente, la mesa de trabajo.

B.

Dejar ir.
Dejar ir el deseo malgastado.
Dejar ir el deseo del sinsentido.

Ese deseo de tener, 
lo que se cree que se tiene,
pero que nunca se ha tenido.

Dejar ir el deseo, la lujuria,
la pasión carnal que no existe.

Dejar ir,
para dejar de tener una X en la frente.
Para que lo que es carnal sea en la carne,
no sólo en la mente.

B.

Una acción sin pensar,
seguida de una irremediable caída libre,
colisionando y estallando sin más remedio.

Primero, sonoro como un llamado al cáliz.
Después, el sonido de granizo lloviendo desde el cielo.

La forma cambia.
Nacido como vasija transparente,
disperso como esquirlas en el suelo.

Sólo quedan partículas prismáticas,
desechos, un descuido y el recuerdo.

B.

El post más importante de un blog

El famoso autor y experto de marketing, Seth Godin, da su opinión al respecto.

Aún hoy en día, no obstante de escribir por el puro gusto, continuamente me cuestiono si este ejercicio de tener un blog sigue vigente y relevante.

Vale la pena preguntárselo, sobre todo, debido a la avalancha de nuevos medios sociales que año con año se presentan, haciendo la distribución de contenido más ágil y efímera, pero también más avasalladora y absorbente.

Hace unos días (finales del 2020), Seth Godin, uno de mis autores favoritos, publicó su opinión al respecto. Sin duda, fue un recordatorio del porqué lo hago. Traduzco lo que escribió desde su original. Dice así:

“El post más importante de un blog, se encuentra en el blog más importante.

El tuyo.

Incluso si nadie más que tú lo lee. El blog que escribes cada día es el blog que más necesitas. Es una brújula y un espejo, una oportunidad para poner una estaca en el suelo y refinar tus pensamientos.

¿Y el post más importante? El que escribirás mañana.”

Le doy toda a razón. Gracias, Seth.

B.

Cuándo usar porque, por que, porqué y por qué

¿En qué momento se usa cada uno al escribir? Aquí está la explicación.

La anterior, es una duda muy común. Sin embargo, la respuesta es muy sencilla. Sólo hace falta entender el contexto del momento en el que se va a usar cada uno.

Porque

Se escribe junto y sin acento (porque) cuando es conjunción. Es decir, cuando se usa como un enlace de ideas.

Ejemplo: Está aquí porque le pidieron que viniera.

Por que

Se escribe separado y sin acento (por que) cuando es preposición y pronombre. Es decir, cuando se puede sustituir por la frase -por el cual-.

Ejemplo: El motivo por que se enojó es una tontería.

Porqué

Va junto y con acento (porqué) cuando es sustantivo y significa una causa o motivo.

Ejemplo: Justo aquí el porqué de haber escrito este libro.

Por qué

Va separado y con acento (por qué) cuando se usa como interrogación.

Ejemplo: ¿Y por qué no me dijiste?

Espero que este recordatorio les sea útil. Redacté esto, justo para que no se me olvide.

B.

Aquí, escribiendo…

Escribir un blog. El mejor ejercicio para compartir lo que uno va descubriendo día con día.

Como algunos de ustedes saben, es desde hace poco relativamente, que retomé esto de escribir en un blog. No es que a estas alturas sea una cosa del otro mundo, pero sí algo muy satisfactorio. Al menos para mi.

Como siempre en estos casos. Escribir en un blog es algo mucho de “escribir para uno mismo”. Una de las cosas bonitas, es que luego te topas con personas que les gusta lo que escribes. (O posteas, en el caso práctico del asunto).

Es algo que había tenido un poco en la congeladora, fuera de temas de trabajo. La creación de contenidos para marcas es algo que he hecho, fácil… ¿qué será?, los últimos 10 o 15 años de mi vida.

Ahora que me entró de nuevo “la cosquilla”, me descubrí haciéndome la clásica pregunta por la que luego pasan algunas personas que hacen este bello oficio de la redacción. “¿Y ahora de qué hablo?”.

¡Qué bueno que no les pase a todos! Pero oxido más, oxido menos, ahí me tienen con todas las ganas y la actitud del mundo, saltando al dentro hacia un micro-vacío mental de “¡Oh, qué rayos!”.

Luego en uno de esos apoteósicos descubrimientos que te hacen poner cara de gato de meme viendo al horizonte, me llegó una epifanía…

¿Y si ahora que hay tantas cosas nuevas día con día, simplemente les platico de lo que me llama la atención? Digo, tampoco es que esto sea la panacea, pero pues creo que está bien chido.

A final de cuentas, lo que va a pasar es que directa o indirectamente, irán encontrándose con lo mismo que yo. Quizás en una de esas, les guste lo que escriba.

Quizás, así siempre fue con ese enfoque, pero no le había prestado atención. Quizás así debió haber sido desde el principio, intencionalmente. Pero me acabo de dar cuenta. Para que vean lo que les digo.

B.

Archivo morgue

Un archivo morgue es donde se guardan las cosas muertas que más tarde pueden regresar a la vida.

Siempre me he considerado un coleccionista.

Las personas que me conocen saben que junto de todo. Aunque todo este stuff, se puede dividir en tres categorías: objetos, ideas y “cosas” digitales.

Para los objetos, tengo la fortuna de contar con un pequeño cuarto de cachibaches. Algunas personas preferirían tener herramientas o más formalmente un estudio. Yo guardo todo tipo de cosas, que para mi, son bellas y tiene algún valor más imaginativo que otra cosa.

Con las ideas sucede algo similar. Desde hace más de diez años, por lo regular, llevo una libreta conmigo y apunto todo lo que se me ocurre. Curiosamente hasta este año, descubrí que la metodología bullet journal es algo que me sienta bastante bien para el propósito. Cosa que ha logrado refinar mi costumbre de anotar todo.

De escribir en estas libretas, qué les puedo decir. Apunto pendientes, ideas, dibujo por placer y hago sketches de cosas diversas, entre otras muchas cosas más. En pocas palabras, una libreta que pueda llevar a todas partes, es algo que se ha convertido en parte de mi persona. A la fecha llevo redactados más de quince volúmenes.

En cuanto a “las cosas digitales”, en general uso aplicaciones como Feedly, Evernote y Pocket. Aunque para ser justos, nada me ha servido igual que un blog. De hecho, tener a la mano la colección de todo lo que veo en la web, es en parte uno de los propósitos de abrir el actual espacio.

Esto fue en su momento, una clave del éxito de mi primer blog allá por el 2005. Simplemente reseñaba todo lo que me llamaba la atención en Internet. De todos esos artículos, pude consultar información que me fue muy valiosa en cosas que hice después.

Con el paso del tiempo y de la mano de Austin Kleon, descubrí que a esto de coleccionar cosas para tenerlas a la mano y usarlas en distintos proyectos, se le llama “archivo morgue”.

Originalmente, un archivo morgue es una colección de carpetas que contienen archivos, notas y recortes de artículos, que usaban en gran parte investigadores (principalmente investigadores forenses) y periodistas, para poder tener acceso a referencias rápidas.

Al transcurso de los años, este mismo uso se amplió a editores de video, siendo el lugar donde guardaban pietajes para películas, así como trabajos inactivos o proyectos que quedaban enlatados por una cuestión u otra.

La anécdota del nombre es un tanto curiosa. Resulta que los antiguos ficheros bibliográficos, así como algunos archiveros de metal, lucen (o solían lucir), como las gavetas en donde se guardan los cuerpos en una morgue. No es coincidencia que con el humor negro de algunos investigadores forenses, su archivo de referencias haya terminado nombrándose de esa manera.

Cuando vas juntando referencias que crees que te pueden servir después, mucha gente te ve como un acumulador. Hay una enorme diferencia entre ser un acumulador y ser un coleccionista. Aunque en la práctica, sólo existe una línea muy delgada que separa a uno con el otro.

El gran truco de esto, consiste en que los acumuladores juntan indiscriminadamente. Los coleccionistas son selectivos, sólo juntan las cosas que de verdad les gustan, porque ven algo especial en ellas.

Para muchas personas como yo, en donde parte fundamental del desarrollo de proyectos consiste en tener cientos de referencias a la mano, tener un archivo morgue resulta fundamental. En ocasiones, sólo se puede ser tan bueno como las ideas que uno recolecta con el paso del tiempo.

Mientras más buenas ideas se tengan a disposición, se pueden obtener mejores colecciones de referencias y por lo tanto, se tiene un espectro más amplio del cual uno puede dejarse influir para sacar adelante cierto tipo de proyectos.

El archivo morgue es por tanto, el lugar (físico o digital) para almacenar todas esas cosas que pueden servir para más adelante. Si hay algo que vale la pena guardar, se deposita en el archivo morgue. Y si se necesita un poco de inspiración, se revisa el archivo morgue.

Por mi parte, sólo me queda invitarlos a que ustedes queridos lectores, abran su propio archivo morgue también. Quién sabe, quizás con el tiempo, a lo mejor terminamos teniendo un archivo morgue tan popular como el del New York Times.

B.

Escribir ayer, hoy y quién sabe mañana

Hace catorce años comencé a escribir en una computadora bastante tosca. Hoy lo hago en un dispositivo sumamente portátil.

Hace catorce años, cuando comencé a escribir por primera vez en este blog, lo hacía en una computadora bastante tosca.

Después, cambié a otra máquina de escritorio a la que se le podían sacar más posibilidades.

Luego, con mi laptop vino un cambio más portátil. Y con la tablet, las cosas cada vez se fueron poniendo más ligeras.

Al día de hoy, escribo directamente desde mi celular.

Tal vez, en un futuro no muy lejano, siga escribiendo en este blog mediante un dispositivo cada vez más ligero. A lo mejor mis lentes, quizás mi reloj.

O quizás desde una resina en mi muela. Ya veremos.

B.