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De comenzar haciendo covers a terminar dominando un sonido propio

Esta hermosa lección la aprendí de la música. Todo el mundo que ha querido tener una banda en algún momento de su vida, comienza por tocar covers de sus artistas favoritos. Cuestión que todavía se adereza más, si en dicho momento, el entusiasmo de la situación, coincide con no tener la menor idea de cómo sacarle sonidos a un instrumento musical.

El resultado de que este hipotético proyecto sonoro triunfe, se ve definido básicamente por una cuestión de “horas de vuelo” y dedicación. Hay que invertirle tiempo, atención y dinero (TAD) al asunto.

Muchas horas de práctica, en gran parte con gusto y en otra gran medida, con disciplina. Hay que realmente ponerle pasión al asunto, para ser lo suficientemente aferrado y no botar el instrumento por la temprana frustración. Y en los correspondientes casos, hay que ir invirtiendo gradualmente no sólo en un instrumento de mejor calidad cada vez, sino también en un equipo que complementa a éste. Así como si es opción, pagar por un par de lecciones para mejorar la parte técnica que implica la ejecución.

Si lo enunciado anteriormente les parece mucho, entonces no busquen formar una banda musical. Aunque permítanme decirles, que todo emprendimiento en la vida es algo casi, casi, similar.

Punto y aparte de los recursos que implica echar a andar una banda, si el proyecto se logra con cierto éxito, al paso del tiempo, se puede notar la evolución de la agrupación misma a través de diversos elementos. Sus integrantes, su look, los temas a los que se refieren sus canciones y evidentemente, el sonido.

En los primeros días de una banda, es casi seguro que nadie tenga canciones propias. Es ciertamente improbable que los integrantes escriban y/o compongan sus canciones. ¿Cuál es el punto de partida entonces? Interpretar las canciones de los grupos favoritos de cada miembro. Aprender a tocar las mismas canciones que les gusta escuchar.

Es de este modo, que con el factor tiempo transcurrido, los integrantes pasan del desconocimiento a la práctica, para después conseguir el dominio de la interpretación. Este momento es importantísimo en la vida de una banda, pues es aquí que al conocer de pies a cabeza una pieza musical, se comienza a jugar cada vez más con la improvisación durante la ejecución.

Al improvisar, experimentar y comenzar a hacer algunas modificaciones estilísticas, no tardan en aparecer las primeras piezas originales de la agrupación. Los miembros al sentirse más seguros en la ejecución, pasan a un nuevo escalafón en el que hay una apertura a no sólo interpretar, sino a comenzar a crear.

Si dicha agrupación mantiene su ritmo de creación y se mantiene unida por otro periodo consistente de tiempo, lo que va a suceder es que va a comenzar a generar un estilo. Esto es otro momento importante en la vida del grupo, pues es aquí que se comienza a desarrollar un sonido con características distintivas. Su (y enfatizo aquí) sonido propio.

Quizás está de sobra decir que los músicos que llegan a ser famosos y/o reconocidos son los que alcanzan este punto. Pero lo que es completamente necesario recalcar, es que sólo llegaron a este punto tras mantenerse insistentes en conseguirlo.

Este ejemplo, reitero, no sólo ocurre en terrenos musicales, sino en cualquier otra área.

Pensemos, por ejemplo, en un escritor. Con mucha probabilidad, sus primeros escritos estén sumamente influenciados por los textos que lo llevaron a esa labor.

O pensemos también a nivel profesional. Alguien que se estrena en un puesto ejecutivo, podría no tener la certeza de tomar algunas decisiones relevantes en particular. Por lo que es probable que lo consulte con sus superiores, otras personas en su misma posición en algún otro lugar o en algún caso de estudio que pueda llegar a investigar.

Ambos, seguramente con el tiempo, desarrollarán un estilo de ejecución, pero esos primeros performances estarán influenciados por esos primeros inputs de información.

La moraleja no es otra que mantenerse constante en la práctica hasta formar un estilo propio de hacer las cosas. Sólo así, sea lo que sea que hagamos, podremos pasar de tocar covers a encontrar y dominar nuestro sonido.

B.

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El mejor momento para comenzar algo

Es un hecho. Un nuevo año comienza y aunque suene a cliché, cada día nos ofrece una nueva oportunidad. Este pensamiento positivo, sin duda será el aliciente que esperaban varias personas para poner manos a la obra.

Sin embargo, es bien sabido que muchos propósitos a inicios de año, a falta de convertirse en objetivos bien cimentados, se terminan disolviendo en el olvido conforme van avanzando los meses.

¿Qué se puede hacer para evitar, o en todo caso, minimizar el fracaso? O mejor dicho, ¿cuál es el mejor momento para comenzar a perseguir un objetivo, contando a favor las mayores posibilidades de alcanzarlo? Eso es justo lo que analizaremos a continuación.

¿Por qué no se cumplen los propósitos de inicios de año?

Enero es sin duda, uno de los mejores momentos para establecer prioridades respecto a los meses siguientes. Pero es también, un mes engañoso. A menudo se siente como el mes más largo y pesado del año.

Aceptémoslo o no, el periodo de fin de año previo, tiende a fomentar algunos malos hábitos profesionales y personales. No sólo eso, el inicio de año tiende a polarizarse por las personas que lo inician a tope de energía. Sin embargo, en ambos casos, sabemos que la respuesta será desfavorable. Unos por desapego, otros por desgaste.

Razones hay varias. Al cerebro le cuesta transformar en hábitos las resoluciones que se hacen en este periodo. Algunos propósitos no son los más adecuados para quienes se los formulan. U otros simplemente van postergando sus iniciativas hasta que se pierde el interés. Por lo que dependiendo de la fuente que se consulte, en promedio, casi nueve de cada diez propósitos terminan abruptamente en alguna parte del camino.

Todos hemos visto repetidamente alguna de estas escenas: La persona que nunca ha ido al gimnasio, prometiendo hacer al menos treinta minutos de ejercicio diarios. Aquella otra que está atada al E-mail pasada la media noche, planeando leer una hora diaria por placer. O aquel otro que jura que va a dejar el azúcar, después de terminar su segundo postre.

Todas personas con un alto potencial y deseos de alcanzar grandes logros. Pero desafortunadamente estresadas al verse sobrepasadas por planes ambiciosos. ¿Por qué?

Este es un vicio muy arraigado en nuestra cultura. Cuando se nos presenta un problema que requiere un cambio de comportamiento, nos abalanzamos sobre él con grandes objetivos, solo para encontrarnos atrapados en un ciclo contraproducente.

Desde pequeños, en la casa y en las escuela, se nos programa mentalmente para “ir a lo grande” y “siempre querer más y más” como la única opción de desarrollo. Sumado a no tener una cultura de aprender del fracaso, sino castigarlo.

De tal manera, los grandes objetivos son más onerosos que motivadores. Para lograrlos, se requiere mantener nuestras vidas ocupadas y un esfuerzo que resulta desalentador. Aún peor, no alcanzar una meta elevada crea una espiral negativa de decepción que disuade acciones futuras. En lugar de caminar hacia adelante, nos deslizamos hacia atrás. ¿Qué se puede hacer al respecto?

La mejor manera de comenzar una nueva meta

Por más trivial que parezca, la única manera de alcanzar una meta es comenzar a trabajar en ella. El truco está en dominar el cuándo y el cómo. Comencemos por el primer punto. Evidentemente muchas personas pensarían, “¡Ahora mismo!”. Pero no es tan sencillo. Si así fuera, todo el mundo cumpliría con sus objetivos.

Una investigación publicada en la revista Psychological Science ha encontrado el punto clave para todos aquellos que buscan comenzar algo: Los “hitos del tiempo”, también conocidos como “hitos temporales”.

Un hito temporal es aquel punto del tiempo en el que un individuo percibe de manera personal y orgánica, el momento exacto para un “nuevo comienzo”. Como es de esperarse, los más comunes son inicio de año, los días lunes y el momento al despertar. Pero no son todos y conviene saber cómo usarlos a favor, pues pueden ser engañosos.

Una de las cosas que más nos motivan a las personas, es imaginarnos en el futuro. Quiénes seremos, qué haremos y qué hemos logrado. Cuando queremos hacer un cambio, reconocemos que queremos ser una mejor versión de nosotros mismos.

Los psicólogos lo saben. Las personas se motivan cuando comienzan con una pizarra limpia. El pasado ya quedó atrás y un nuevo comienzo nos motiva a perseguir nuevos objetivos. Y algunas fechas específicas y significativas que separan un “viejo yo de un nuevo yo” resultan ser ideales para esto.

Los investigadores notaron la importancia de estos hitos temporales mediante la realización de una serie de estudios, en donde 165 participantes describieron una meta que querían perseguir en un futuro cercano. Luego se les dijo que podían recibir un correo electrónico para recordarles el objetivo, con la opción de elegir qué día de la semana recibirán el recordatorio.

Dado que la investigación se llevó a cabo durante la tercera semana de marzo, algunos participantes etiquetaron el jueves como “el comienzo de la primavera”. Dejando entrever de esta manera que la gente eligió este jueves en particular 3,5 veces más a menudo que cualquier otra ocasión en el mismo mes.

El mismo equipo de investigación descubrió que analizando los datos de las búsquedas de Google, existía un aumento en la actividad de palabras como “dieta” al comienzo de la semana, el mes o después de algunos días feriados.

Por último, encontraron resultados similares cuando analizaron información de un gimnasio universitario. Los estudiantes usaban las caminadoras y las pesas muchos de estos mismos días, incluso los días después de un cumpleaños. Algo con lo que muchos de nosotros probablemente podamos sentirnos identificados.

Por lo tanto los hitos temporales más comunes son: Inicio de año, los días lunes, el momento de despertar diariamente, cumpleaños, días festivos, los primeros días del mes, algún cambio de estación en el año y el día de incorporación a un nuevo trabajo. Y por supuesto, esto funciona aún mejor si el día escogido tiene un significado en particular para la persona.

Como señalan los investigadores, la abundancia de fechas para comenzar a lo largo del año, ofrece oportunidades repetidas para que las personas intenten un cambio personal positivo. Por lo que incluso si fallan inicialmente, pueden obtener un éxito posterior. Es tan sólo cuestión de encontrar un hito temporal que haga sentido en nuestras vidas.

Inicio de año y días lunes. Hitos temporales engañosos

Apegarse a un hito temporal significativo, aumenta las posibilidades de conseguir algún objetivo, pero no nos asegura un éxito rotundo. Hay hitos temporales que resultan bastante atractivos para la mayoría de las personas, pero que resultan algo engañosos. El primero es justo el inicio de año.

Tal como explica el doctor Ramani Durvasula, psicólogo clínico y profesor de  la Universidad Estatal de California, “iniciar con un propósito el 1º de enero es el peor día posible, porque todo el mundo está fuera de su rutina habitual”.  “El mejor momento es en todo caso, el 1º de febrero, después de adquirir nuevamente un hábito. Y de esa manera, verificar el progreso de lo que se desea, mes con mes”, agrega.

“El 1º de enero no es necesariamente el mejor momento para comprometerse con los cambios de estilo de vida”, explica Pauline W. Wallin, Ph.D. Y explica, “Cuando llega el año nuevo, tendemos a esperar que la autodisciplina se imponga mágicamente. Y lo hace, a veces durante varios días. Pero luego, comenzamos a resentir las reglas que nos impusimos y nos rebelamos en pequeñas formas, debido a que nos exigimos muy poco durante diciembre”.

El segundo hito temporal engañoso, son los días lunes. Comenzar de esta manera se basa en un pensamiento erróneo. En la menos pesimista de las situaciones, se tiene en mente que adoptar un nuevo hábito será difícil, pero se asume que se podrá ser una persona nueva y diferente al comienzo de una nueva semana.

De esta manera se apuesta por tener más concentración y disciplina, pero hay buenos argumentos que demuestran que esto no es así. Nuevamente no se es una persona nueva de la noche a la mañana. Al contrario, se tiene exactamente la misma cantidad de fuerza de voluntad que cualquier otro día.

La gran desventaja del lunes como hito temporal, es que está saturado por las tareas que las personas le asignan al verlo de esta manera. Es fácil hacer un recuento: El lunes inicia la semana laboral, que por lo regular está saturado de reuniones, revisiones de nuevos proyectos, llamadas a clientes y chequeo de listas de pendientes.

Si se desea comenzar un nuevo hábito o una nueva tarea, al iniciar ésta el día lunes, competirá contra toda esa avalancha de otras decisiones y responsabilidades previas. Así, las mejores intenciones pueden verse desplazadas por el ajetreo. Cuando se tiene un montón de cosas al comienzo de la semana, seguramente el nuevo hábito no será una de ellas.

El mejor momento para comenzar en nuevo trabajo

Ambas situaciones anteriormente mencionadas, por lo regular se ven entrelazadas al inicio de una nueva etapa laboral. Y sí, por lo regular, también a inicios de año, muchas personas buscan cambiar de lugar de trabajo.

Si bien el lunes podría parecer la elección más obvia para comenzar en un nuevo puesto de trabajo, nuevamente la cultura de saturación al inicio de semana no juega a nuestro favor. Tan sólo hace falta escuchar los comentarios de muchas personas un lunes cualquiera, sobre lo pesado que es volver al trabajo después de dos días completos de descanso. Incluso con los ejecutivos, no es raro toparse con lamentos de tener que volver al trabajo.

De esta manera se inicia la espiral de presión al comienzo de semana. Es común que la reunión de departamento sea los lunes por la mañana de cada semana. Los asistentes no sólo están preocupados por asistir y los temas a tratar, sino que ser presentado en ese mismo momento puede llegar a ser incómodo e intimidante.

Acorde con la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos, este sesgo de exclusión hacia los nuevos elementos de un equipo, se ven reflejados en la retención de talento durante una relación laboral.

Luego entonces, ¿cuál es el mejor día para iniciar en un nuevo trabajo? La respuesta es los días miércoles. Esto se debe a que dentro del lugar de trabajo ya transcurrió la presión post-lunes y se acerca el aura positiva del viernes.

Es cuestión de pensar qué es lo que hacemos cuando somos recién contratados. Una persona inicia un recorrido que va de presentarse con todos sus compañeros sabiendo que no recordarán su nombre, una sesión de papeleo con Recursos Humanos, una visita a Sistemas para que configuren su equipo de cómputo y finalmente acoplarse al lugar que le asignen.

Es abrumador. Por más obvio que parezca, las personas necesitan acoplarse, ubicar donde están los baños, las mesas de comida, el dispensador de agua, cómo usar la cafetera e incluso, dónde se encuentra la tienda de la esquina más cercana.

Cuando se inicia a mediados de semana, desde el puesto gerencial más alto al operativo más básico, nos permitimos sentir una atmósfera más feliz y productiva, con menos presión y más tiempo para adaptarnos y aclimatarnos.

¿Realmente necesitamos llegar a un nuevo trabajo un lunes? Ciertamente no. En la práctica, tanto para Recurso Humanos como para Contabilidad, la fecha más adecuada para un ingreso es los días primero y quince del mes. Si podemos aprovechar esto a nuestro favor, qué mejor.

El mejor día para comenzar un nuevo hábito

Durante varias semanas, la escritora sobre temas de productividad, Laura Vanderkam, realizó un seguimiento de su tiempo para saber qué tendencias resaltarían al final de su investigación.

La conclusión a la que llegó, es que si realmente se desea comenzar con una nueva resolución buscando una mayor probabilidad de éxito, entonces se debe comenzar un día jueves.

“La semana laboral tiende a ralentizarse para entonces. El miércoles es el día laboral más largo y disminuye después. Comenzar nuevos hábitos se trata de encontrar impulso y mantenerlo. El jueves es el día perfecto para eso”, comenta.

Y continúa, “Los jueves se inician menos cosas, por lo que se puede concentrar energía y concentrarse en una nueva rutina. Al día siguiente, el viernes, se puede reforzar esta rutina con pocas distracciones. Después, el fin de semana, se puede continuar con esta dinámica o evaluar el resultado de ambos días. Y para cuando llega el lunes, ya se tienen varios días practicando el hábito”.

Micro hábitos: El truco para lograr grandes objetivos

Es genial soñar en grande, pero la manera de llegar lejos no es avorazarse, sino comenzar poco a poco. Para eso existen los micro hábitos.

Los micro hábitos son pequeños componentes de un hábito más amplio. Al dividir un trabajo ambicioso en otros más pequeños y alcanzables, se construye con insistencia a través de periodos de tiempo. Es así como se completan los grandes objetivos.

Por ejemplo, cuando comencé a practicar la jardinería, mi micro hábito fue dejar una cubeta de agua llena todas las noches, para que al día siguiente a primera hora, no olvidara regar mis plantas diariamente. Al paso de más de un año, esto se me hizo una costumbre y una preocupación menos.

La idea de realizar cambios a través de pequeños hábitos no es nueva. Es algo de lo que se ha escrito y discutido bastante. Aún así, es algo que cuesta mucho trabajo implementar comúnmente.

Una vez más, es necesario resaltar que somos adoctrinados y recompensados ​​por pensar en grande, no por ejecutar en pequeño. Es posible que nos sintamos tontos al hacer algo minúsculo. Que dedicar tiempo a tal cosa puede parecer que no vale la pena, por lo que nos convencemos de no hacerlo al principio. Cualquier cambio en nuestra rutina y comportamiento arraigado es difícil de asimilar.

Para tener éxito con los micro hábitos, se debe ser deliberado, constante para mantenerlos y acomodar todo lo posible para facilitar que sucedan. Con eso en mente, estos cinco pasos pueden ser de utilidad:

  • Hay que hacer el hábito “ridículamente pequeño”

Por ejemplo, si leer durante una hora cada noche es demasiado largo, se puede reducir el tiempo de lectura a 45, 30 o menos minutos, hasta que uno piense “Eso es tan ridículamente pequeño que no vale la pena hacerlo”. Ahí está la medida mínima. Hay que apuntar a lo pequeño.

  • Deben realizarse con un mínimo esfuerzo

Es cuestión de ejecutar un nuevo ritual todos los días, hasta que se convierta en algo que no se tenga la tentación de aplazar para otro momento. Con la costumbre a cuestas, poco a poco se puede ir incrementando el nivel de esfuerzo.

  • Registrar el progreso de la tarea

Como dice el refrán, “Si se puede medir, se puede mejorar”. Un proceso de registro y medición puede ayudar a conseguir lo que se busca, además de ir implementando mejoras en el camino. Existen varias formas de hacerlo, como un simple checklist. O en mi caso, con la ayuda de un tracker de días que adjunto a mi bullet journal.

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Tracker de 30 días en mi bullet journal.
  • Mantenerse firme

Si es difícil pensar en pequeño, el reto está en mantenerse pequeño. En otras palabras, está bien ser ambicioso, pero no ser desmedido.

Esto ocurre frecuentemente con las personas que desean ejercitarse. Hay quien comienza con dos flexiones al día. Al ver que pueden obtener más, al día siguiente aumentan a cinco flexiones y al siguiente a diez. ¿El triste resultado? En dos meses dejan de hacer ejercicio ya que han ampliado sus metas de manera irrealmente rápida.

Hay que mantener el micro hábito original el tiempo suficiente. Al menos de uno a tres meses. Luego, crecer poco a poco. Un 10% por iteración no está nada mal.

  • Buscar apoyo para no abandonar

Contar con alguien que apoye nuestro micro hábito y que incluso, nos lo recuerda insistentemente es algo que se puede aprovechar. Por lo regular, cuando alguien falla constantemente en actuar de acuerdo con su micro hábito, esta persona de apoyo ayuda a refinar aún más la tarea o abordar los posibles obstáculos para la acción.

Como tip, un grupo pequeño brinda más apoyo en lugar de una sola persona, creando un vínculo más fuerte de responsabilidad.

Alcanzar cualquier meta es cuestión de poner en marcha las cosas

Este año puede ser el elegido para cambiar el rumbo de todo. Los motivos para hacer cambios positivos permanentes abundan. Y por supuesto, iniciar es solo el comienzo de la batalla. Mantenerse motivado requiere determinación y esfuerzo.

Adoptar la mentalidad correcta es determinante. De hecho, cuatro de las seis peores maneras de comenzar el año como persona o empresa, tienen que ver con una falta de planeación adecuada:

  • Los propósitos no se convierten en objetivos y falta una planeación anual

Sin importar si se trata de un plan personal o de una empresa, el punto es que hay que tener bien claros los objetivos. En este caso, creo que les será de mucha utilidad tanto el formato de planeación anual, al igual que la guía para plantearse objetivos SMART que publiqué antes en el blog. Con esto ya no tendrán excusa para cumplir con este punto.

  • Permanecer todavía en “modo vacaciones”

Sentir letargo por el arranque de año, tomar las cosas con calma o incluso sobrellevar la famosa cuesta de enero, no significa que todavía se esté de vacaciones. En realidad, debería ser un aliciente para poner las cosas en marcha.

  • Arrastrar los problemas del año anterior

Es bien sabido que no todos los problemas se pueden solucionar de la noche a la mañana. Justo por eso, inicio de año es buen momento para tomar cartas en el asunto.

Ya sea para dejar ir a un colaborador insatisfactorio, tomarse el tiempo de evaluar los puntos de oportunidad, o arrancar una campaña de marketing digital. La narrativa de inicio de año nos habla de un nuevo comienzo. ¿Por qué no deshacerse de todo lo obsoleto del año pasado?

  • No tener motivación

Tanto motivarse como recargar energías, no siempre es fácil. Pero es algo que sin duda alguna, se debe resolver. Tener en claro, o en su caso, descubrir lo que impulsa a uno, es una manera ideal de abordar el año de manera resolutiva.

El cambio siempre llega tras un ejercicio de honestidad. ¿Cuántos proyectos se nos han estancado por postergarlos al día, semana o mes siguiente? Encontrar un hito temporal significativo no se trata de postergar las cosas, sino de marcar un punto de inicio y trabajar gradualmente hasta conseguir lo que se desea.

A final de cuentas, el tiempo es arbitrario de muchas formas diferentes. Echando mano de los hitos temporales, los micro hábitos y estando preparado con una planeación, seguro se puede encontrar el momento adecuado para transformar ese propósito en un objetivo realizable.

Ya con esta información, seguramente podemos parafrasear al buen @Allan05, “Los ciclos no empiezan (ni terminan) el 1º de enero. Empiezan cuando lo decides”. Y como lo explica Matt Cutts en su TED Talk, sólo se necesitan treinta días para cambiar o reafirmar cualquier cosa.

Y en el peor de los casos, si se tiene que comenzar de nuevo, también ya vimos que el año nos ofrece un cúmulo de oportunidades a la vuelta de la esquina. Lo que nos da una mayor probabilidad de mantenernos en camino a nuestra meta, que de tropezar. Todo es cuestión de darle un significado a nuestro punto de comienzo.

B.

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Cómo hacer objetivos SMART

En una ocasión anterior, platicaba cómo hacer una planeación anual para un negocio o empresa. Sin embargo, varias personas me pidieron que por favor profundizara en el tema de los objetivos SMART. Y dado que este es un tema muy importante, no está de más ahondar un poco al respecto.

Información sobre los objetivos SMART, afortunadamente, se puede encontrar de sobra. Así que como preámbulo, creo que sólo me queda resaltar eso que muchos ya saben. SMART significa inteligente en inglés y es una abreviatura que resume el modo en que se formulan estos objetivos, encaminándose justo, a trabajar de esa manera.

Algo muy bonito que ofrece poner en práctica estos objetivos, es que técnicamente puedes conseguir cualquier cosa que quieras o te propongas. Y si no lo logras, entonces, tras analizar de vuelta el planteamiento, podrás conocer los puntos de oportunidad o áreas de mejora que necesitas ajustar para una próxima ocasión.

Para definir un objetivo SMART, primero hay que conocer qué significa cada letra de las siglas que conforman esta palabra:

SEspecífico (Del inglés “Specific”)
MMedible
AAlcanzable
RRelevante
TEn un tiempo determinado
Objetivo SMART.

Hasta aquí nada del otro mundo. Lo importante es saber cómo llenar cada una de las casillas. Cada una se determina respondiendo las siguientes preguntas:

S¿Qué se quiere? Respondiendo de la manera más concreta posible con un verbo infinitivo (ar, er, ir).
M¿Qué tenemos que alcanzar? Enunciando siempre con un número, cifra o porcentaje.
A¿Cómo se va a lograr? Haciendo de manera general, una lista con las actividades a realizar para conseguir lo específico.
R¿Por qué esto es importante? La pregunta lo dice todo. ¿Qué interés hay detrás de lo que buscamos? Es lo que nos motiva a hacer las cosas para lograr lo que queremos alcanzar.
T¿Para cuándo debe estar cumplido este objetivo? Se enuncia un tiempo determinado o una fecha específica para revisar si alcanzamos nuestra meta.
Formulación de cada casilla de un objetivo SMART.

Este ejercicio se puede hacer tanto para objetivos de negocio como objetivos personales. Por ejemplo:

SQuiero bajar de peso,
M5 kilos al menos,
Aasistiendo al nutriólogo una vez al mes, haciendo ejercicio 30 minutos diarios y dejando el azúcar,
Rporque quiero sentirme bien en mi persona,
Tpara mi cumpleaños el 4 de julio del 2021.
Ejemplo de objetivo SMART.

La magia sucede cuando lees de corrido lo que enunciaste en cada casilla. “Quiero bajar de peso,5 kilos al menos, asistiendo al nutriólogo una vez al mes, haciendo ejercicio 3o minutos diarios y dejando el azúcar, porque quiero sentirme bien en mi persona, para mi cumpleaños el 4 de julio del 2021“. Todo hace muchos más sentido, ¿cierto?

De esta manera, un propósito en mente ya no se queda corto. Vamos más allá de lo que simplemente se quiere hacer y pasamos a tener una pequeña hoja de ruta que nos facilitará entrar en acción.

Algunos puntos importantes sobre los objetivos SMART

Algo que funciona bastante bien en la práctica, es procurar no poner en marcha más de 3 objetivos SMART al mismo tiempo. ¿Por qué? Porque si bien los objetivos SMART plantean algo que se quiere conseguir, para lograrlos siempre se van a necesitar de recursos. Básicamente TAD: Tiempo – Atención – Dinero. Resulta lógico pues, que entre más objetivos se tengan, los recursos se fragmenten más y más, de tal manera que no sean suficientes para echar a andar las acciones encaminadas a conseguir lo que se busca.

Por otra parte, es muy probable que encuentres que existen los objetivos SMARTER o “más inteligentes”. Estos no son otra cosa que los mismos objetivos SMART que acabamos de ver, más uno o dos puntos que algunas personas agregan porque así lo creen conveniente.

En estos casos, la E puede significar varias cosas dependiendo el contexto. En algunos casos es “Excitante” o “Emocionante”. En otros, significa “Ecológico” y/o “Ético”. Lo mismo pasa con la segunda R. Hay casos donde significa “Recompensa” o “Retador”. Incluso he visto que algunas personas indican la E como “Evaluación” y la R como “Re-evaluación”. Sin embargo, reitero, estos puntos adicionales no son obligatorios y es opcional que los consideres de acuerdo a tu panorama. Los que sí o sí se deben en tomar en cuenta son los SMART.

Por último y como no puede ser de otra manera, formular objetivos SMART siempre es un gran paso. No por nada sirven como un faro de guía para alcanzar cualquier cosa que uno se proponga. Aún así no hay que perder de vista, que ya bajado un plan con estos objetivos, el resto queda en el terreno de poner todo en marcha a través de tomar acción.

Tengo algo para ti

Espero que con esta información puedas conseguir cualquier cosa que te propongas. Por eso, nuevamente, adicional a la guía de la planeación anual de la vez pasada, en esta ocasión te comparto una plantilla para que puedas formular tus objetivos SMART. Ya sabes que sólo tienes que dar click en el botón de descargar.

B.

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Cómo hacer una planeación anual para tu empresa

Es diciembre y en muchas empresas es tiempo de organizar las planeación anual. Sin embargo, por raro que pudiera parecer, a muchas personas se les complica este proceso. O a veces, incluso, no saben cómo hacerlo o por dónde empezar.

Como emprendedor y empresario, también pasé alguna vez por ese dolor de cabeza. Sin embargo, no hay nada como la práctica para poder entender las cosas. Por esa razón, permíteme explicarte un sencillo método, que estoy seguro te será super útil para esta finalidad.

Tan solo sigue los siguientes pasos:

1. Describe cómo sería un año exitoso para ti si no tuvieras riesgo de fallar

Comienza por aquí. Con lo que más te gustaría lograr para el siguiente año.

2. Establece un número. ¿Qué te gustaría lograr para el siguiente año?

Al igual que el caso anterior, escribe un número o métrica que te gustaría alcanzar. Por el momento no te preocupes por el cómo.

3. Describe en tus palabras el año que termina

¿Cómo lo viviste? ¿Cómo lo sentiste?

4. Describe tu trabajo durante el año que termina

¿Qué fue lo mejor que hiciste este año? ¿En qué te encantó trabajar? ¿Qué fue lo peor que hiciste este año? ¿Qué fue lo que no te gustó hacer este año? ¿Qué fue lo más difícil?

5. Reflexiona sobre si tuviste impedimentos

¿Hubo algo ajeno a ti que no te permitió lograr tus metas? ¿Qué barreras encontraste? ¿Hubo algo que te impulsó o ayudó?

6. Analiza lo que más valor te dejó este año

¿Cuáles fueron las 5 cosas que hiciste que más valor generaron este año? ¿Qué recursos usaste para lograrlo? ¿Cuáles fueron las 5 cosas que menos valor te generaron? ¿Qué tiempo, dinero y esfuerzo te costaron?

7. Analiza a tu equipo

¿Qué consideras que fue lo más importante que logró tu equipo? ¿Hay algo que consideres hayan hecho muy bien? ¿Qué consideras que puede ser un área de oportunidad para el año que viene?

8. Analiza tus logros

Haz una lista con todas tus métricas del año que pasó. ¿Qué lograste este año?

9. Proyección: ¿Qué absolutamente quieres lograr el próximo año?

Regresa al punto 1, organiza tu lista y convierte lo que escribiste de 1 a 3 objetivos SMART que tienes que lograr durante el año que viene.

SEspecífico
MMedible
AAlcanzable
RRelevante
TEn un tiempo determinado
Objetivos SMART.

10. Fija resultados clave. ¿Qué necesitas hacer para lograr tus objetivos?

Para cada uno de los objetivos, define hasta 4 resultados clave que necesitan suceder para que alcances tu objetivo.

Por ejemplo: Objetivo: Llegar a la luna antes de 1970. → Resultado clave: Construir un cohete que pese menos de 40,000 toneladas antes de 1965.

11. Paso a paso

Toma cada uno de tus resultados clave y de atrás para adelante, define qué tienes que lograr progresivamente cada trimestre para alcanzarlo.

Por ejemplo:

  • Objetivo: Capacitar a 2,000 personas en marketing digital.
  • Resultado clave: Tener 200 asistentes en todos los bootcamps.
    • Q4: Organizar 4 bootcamps con 25 asistentes c/u.
    • Q3: Organizar 3 bootcamps con 25 asistentes c/u.
    • Q2: Organizar 2 bootcamps con 20 asistentes c/u.
    • Q1: crear una estrategia de venta para el bootcamp para febrero 2020.

12. ¿Qué necesitas para lograrlo?

Haz una lista de todos los recursos que necesitas para lograr lo que definiste.

  • Alianzas
  • Materiales
  • Dinero
  • Personas
  • Equipo (Herramientas)
  • Tiempo
  • Otros

13. Cierra con un nice to have

Por último, haz una lista de las cosas que te gustaría lograr además de tus metas más importantes. Es la cereza del pastel.

Tengo algo para ti

Realmente me gustaría mucho que pudieras conseguir los objetivos anuales de tu empresa. Por eso, te regalo una guía con estos mismos pasos, para que la puedas tener al alcance a lo largo de todo este proceso. Me basé en una guía anterior que alguna vez compartió el buen Juan Del Cerro. Desde aquí le doy su crédito y las gracias. No es necesario que me dejes tus datos, ni nada por el estilo. Sólo da click en el botón de descargar.

B.

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Esa loca, loca, loca brecha entre picar piedra y alcanzar la cima

En todas las carreras profesionales, entendiéndose esto como la combinación del tiempo de vida laboral más el camino vocacional que uno se proponga, existe un lapso entre un punto A y un punto B, que resulta sumamente variable de acuerdo al contexto de vida que se tenga en un determinado momento.

El punto A, es sin duda, el inicio de esa carrera. Ese punto en donde, por lo regular, uno se desvive en un trabajo con funciones operativas y un pago muy bajo, tanto monetario como emocional, a cambio de obtener un aprendizaje. A cambio de obtener experiencia.

Con el tiempo y la práctica, uno va afinando esa experiencia y poco a poco se va consiguiendo lo que en el mundo laboral se le conoce como “el expertise“. Este expertise, hasta donde sé, sólo se consigue con la practica diaria y constante. “Las horas de vuelo”, que les dicen. Desafortunadamente aún no he podido conocer a alguien, ni experimentar en carne propia, que un certificado o un diploma otorguen esto.

A todo este tiempo de esfuerzo continuo, de iteraciones de práctica y aprendizaje, de pruebas y errores, se le conoce como “picar piedra”. Esa metáfora burlona, pero bastante acertada, de que para encontrar diamantes, primero se tiene que viajar hasta las obscuras entrañas de la tierra, ensuciarse las manos y trabajar a marchas forzadas, para con el sudor de la frente, extraer toneladas y toneladas de carbón. La recompensa está en el largo plazo.

Por el otro lado, en el imaginario popular, el éxito siempre tiene otra visión. El éxito es, por lo regular, la imagen de la cima de la montaña más alta. Un lugar, tanto literal como figurativamente, inalcanzable. Sólo asequible para aquellos que son héroes. Aquellos que persistieron y resistieron. Que nunca se detuvieron. Para los que se atrevieron.

Sin embargo y a favor, hay que decir que en la práctica, la idea del éxito es muy diferente de acuerdo a cada una de las personas. Ya lo dice el refrán: “Cada cabeza es un mundo”. Habrá quien defina su éxito como fama y dinero. Habrá quién lo defina como un carro, una casa, un perro, una esposa e hijos. Habrá quien lo visualice como un bar propio en la playa. Sea cual sea la idea, ése es justo el punto B del camino.

Entre ambos puntos, quizás lo más recomendable es disfrutar del camino. No lo dudo. Pero también, es en ese camino en donde uno está hundido en trabajo y además, “hay que dar el 120%”. Estás saturado 18 horas diarias y el día sólo dura 24. E incluso, aunque trabajes de manera efectiva, a veces eso sólo alcanza para cumplir, quedándote corto en dar el siguiente paso.

A todos los que estamos en ese camino, a veces nos parece que vamos solos. Pero afortunadamente no es así. Yo te estoy platicando de esto y tú me estás leyendo hasta este punto porque creo que algo te hizo sentido. Felicidades. Vamos juntos.

Sin importar cuál sea tu expectativa propia, algo que pienso, hace bastante sentido, es aspirar a una labor en la que entre más alto se llegue, más ejecutivo, político y filosófico, sea el trabajo a realizar.

Sin embargo, en el mientras tanto, en el transcurso de pasar de una labor operativa a una cada vez más ejecutiva, no está de más justo filosofar, reflexionar y diseñar las cosas como si ya se estuviera ahí. Para comenzar a acostumbrar a la mente a ese contexto que se quiere alcanzar. Y evidentemente, resolver cuando sea el tiempo de resolver. Después de todo, no se alcanza la cima, sin antes salir de la mina.

B.

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Haz eso que tú quieres, como realmente te gustaría que fuera

Desde el otro día, les platicaba que he tenido la oportunidad de pasar por varios emprendimientos. Desde agencias de publicidad, hasta convertirme en panadero.

Todas han sido experiencias dentro de áreas que son de mi agrado e interés. Lo curioso aquí, es que de cierta manera, antes de emprender cada una de estas aventuras, he recibido el mismo consejo, más o menos con las mismas palabras.

La primera vez, fue hace más de catorce años, mientras estudiaba para convertirme en creativo publicitario. En ese entonces, una de las tareas era buscar anuncios que a nuestro parecer fueran malos, analizarlos y convertirlos en piezas creativas.

Es bien sabido que en mucho de los casos, la publicidad es molesta porque, además de ser intrusiva, su mensaje es vacío, precario y hasta insultante. Pero no así cuando es bien realizada. Por ejemplo, todos odiamos que interrumpan un programa de TV, pero por otra parte, muchos esperan ver los comerciales programados durante el Super Bowl.

Después de varias prácticas y lecciones, uno de los consejos más comunes entre todos los instructores era: “Para hacer buena publicidad, haz la publicidad que a ti te gustaría ver”.

Tiempo después, me dediqué a hacer pan. Como era de esperarse, quise profesionalizarme en el ramo y tomé varios cursos de gastronomía, panadería y repostería.

El pan es algo maravilloso. Uno de los alimentos más ricos en todos los sentidos de la palabra. Sobre todo, si se opta por materia prima de primera calidad, en vez de productos químicos para industrializar su preparación.

Fue en el apasionante mundo de las masas, en donde varios maestros panaderos me pasaron “su receta” para hacer buen pan. Y ahí estaba, una vez más: “Para hacer buen pan, haz el pan que a ti te gustaría comer”.

No fue tan distinto cuando aprendí el proceso de elaboración de cerveza. Después de tomar varios cursos, no fueron pocos maestros cerveceros los que coincidieron con la fórmula ganadora: “Para hacer buena cerveza, haz la cerveza que a ti te gustaría beber”.

Y sí, cabe mencionar que a estas alturas, quizás todo sea una y otra vez la reinterpretación de aquella frase que dice: “Si quieres ser escritor, comienza por escribir el libro que quieras leer”.

Como sea, es uno de los mejores consejos de los que pueden echar mano. Sobre todo, cada vez que tengan la intención de iniciar algo.

B.