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“Lo último de Netflix” vs. “Me espero a verlo en Netflix…”

Todo el mundo hemos dicho o escuchado en algún momento, cualquiera de las dos frases.

La primer frase nos evoca, indirectamente, un contexto positivo. Nos habla de que algo es novedoso. Que no nos lo podemos perder. Que tenemos que verlo en este momento, porque si no, estaremos fuera de la conversación en el trabajo, con la familia y los amigos. “¿Ya viste lo último de Netflix?”. Imposible responder con una negativa a esa interrogación.

La segunda, nos deja entrever que algo, puede esperar para después. Incluso, bajo cierto contexto, insinúa que algo no vale la pena. Dudamos de la calidad. ¿Para qué invertir tiempo, atención y dinero en algo que no nos garantiza satisfacción? Podría terminar siendo un desperdicio de esos valiosos recursos. Definitivamente, podemos dejar pasar la ocasión, porque después, si un día no hay absolutamente nada mejor, quizás le demos una mínima oportunidad a través de un medio que nos evitará un remordimiento en caso de una decepción.

Este ejercicio no sólo aplica a películas o series. Aplica para cualquier tipo de producto. Sólo es cosa de sustituir algunos elementos clave en la ecuación. En específico para este caso, si pensamos en Netflix como un medio de distribución, podemos pensar en otros canales como Walmart o Amazon de la misma manera. Y evidentemente, en cualquier producto o servicio como si fueran los contenidos en stream.

¿Qué hace que nos inclinemos por una u otra frase? Sin duda, el valor que percibimos.

La clave para diseñar cualquier relación perdurable con una persona como cliente o consumidor, es crear un valor y una satisfacción superiores para la misma. Como resultado de esto, al paso del tiempo, las personas satisfechas suelen ser leales y consumen más.

Atraer y retener a las personas no siempre es una tarea tan sencilla. Frecuentemente las personas nos encontramos frente a una oferta abrumadora de productos y servicios para elegir. Compramos a quien nos haga percibir mayor valor. Es decir, de quien obtengamos la mejor evaluación sobre todos los beneficios y costos de una oferta, en comparación a otras similares o sustitutas.

Además, hay que señalar que con frecuencia, las personas no juzgamos los valores y los costos de manera objetiva, “con precisión”. Sino que actuamos justo, al valor percibido. Para algunas personas, el valor podría significar productos razonables a precios accesibles. Para otros, el valor podría significar pagar más para obtener más. Todo es cuestión de percepciones de valor personal.

¿Qué tenemos que hacer para que nuestro producto o servicio sea “lo último de Netflix”? Pues simplemente conocer a detalle el perfil de la persona a quien buscamos ofrecer una solución. Por ahí se empieza. Por supuesto que el diseño y la calidad del producto, su precio, cómo lo distribuyamos y la manera en que lo promocionamos, influye. Pero todas esas cosas derivan directamente de entender a las personas.

Retomando el ejemplo, por lo regular, no podemos ofrecer un denso drama underground filmado en Europa del Este catalogado como “cine de arte”, a una persona que siempre busca comedias mainstream que son el exitazo taquillero del verano. Y viceversa. Para uno, “Lo último de Netflix” será el “Me espero a verlo en Netflix…” del otro.

Conozcamos a fondo a las personas que son nuestros clientes. Esa es la clave para ofrecer valor y que sea percibido. Y desde luego, para ser “Lo último de Netflix” en cualquier temporada.

B.