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Haz eso que tú quieres, como realmente te gustaría que fuera

Desde el otro día, les platicaba que he tenido la oportunidad de pasar por varios emprendimientos. Desde agencias de publicidad, hasta convertirme en panadero.

Todas han sido experiencias dentro de áreas que son de mi agrado e interés. Lo curioso aquí, es que de cierta manera, antes de emprender cada una de estas aventuras, he recibido el mismo consejo, más o menos con las mismas palabras.

La primera vez, fue hace más de catorce años, mientras estudiaba para convertirme en creativo publicitario. En ese entonces, una de las tareas era buscar anuncios que a nuestro parecer fueran malos, analizarlos y convertirlos en piezas creativas.

Es bien sabido que en mucho de los casos, la publicidad es molesta porque, además de ser intrusiva, su mensaje es vacío, precario y hasta insultante. Pero no así cuando es bien realizada. Por ejemplo, todos odiamos que interrumpan un programa de TV, pero por otra parte, muchos esperan ver los comerciales programados durante el Super Bowl.

Después de varias prácticas y lecciones, uno de los consejos más comunes entre todos los instructores era: “Para hacer buena publicidad, haz la publicidad que a ti te gustaría ver”.

Tiempo después, me dediqué a hacer pan. Como era de esperarse, quise profesionalizarme en el ramo y tomé varios cursos de gastronomía, panadería y repostería.

El pan es algo maravilloso. Uno de los alimentos más ricos en todos los sentidos de la palabra. Sobre todo, si se opta por materia prima de primera calidad, en vez de productos químicos para industrializar su preparación.

Fue en el apasionante mundo de las masas, en donde varios maestros panaderos me pasaron “su receta” para hacer buen pan. Y ahí estaba, una vez más: “Para hacer buen pan, haz el pan que a ti te gustaría comer”.

No fue tan distinto cuando aprendí el proceso de elaboración de cerveza. Después de tomar varios cursos, no fueron pocos maestros cerveceros los que coincidieron con la fórmula ganadora: “Para hacer buena cerveza, haz la cerveza que a ti te gustaría beber”.

Y sí, cabe mencionar que a estas alturas, quizás todo sea una y otra vez la reinterpretación de aquella frase que dice: “Si quieres ser escritor, comienza por escribir el libro que quieras leer”.

Como sea, es uno de los mejores consejos de los que pueden echar mano. Sobre todo, cada vez que tengan la intención de iniciar algo.

B.

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De barba, cerveza, pan y jardinería

No están para saberlo, pero digamos que más o menos, en estos últimos cinco años de mi existencia, me ha tocado revalorar la paciencia a base de golpes de la vida.

Sin duda, a pesar de que son lecciones que duelen, las valoro. Después de todo, esto no es una queja. Muchas cosas buenas han salido de esas lecciones.

Para quienes me conocen en persona, saben que desde el tiempo que les comento, me he dispuesto a conseguir una barba digna de los ZZ Top o incluso, del mismísimo y legendario mago Merlín.

Es un look, que a pesar de que puedo conseguir técnicamente de manera fácil por mi barba cerrada, no se consigue de la noche a la mañana. Mantener una barba exige cuidados, atención y paciencia.

Si alguien se dispone a dejarse crecer la barba, ésta se debe mantener constantemente. Humectar la vellosidad resulta primordial para que no se haga como estropajo. Y no se diga hacer un retoque constante al corte, a pesar de que el objetivo sea alcanzar longitud.

En otro momento, también dentro de estos últimos cinco años, me propuse a fabricar cerveza artesanal al lado de un buen amigo, a quien cercanos reconocen como “El Tona”. Un tipazo.

Poner manos a la obra y hacer tu propia cerveza en la cocina de tu casa, si bien es más fácil de lo que uno pudiera pensar, tienen por definición ciertos preparativos que hay que seguir.

Los que son aficionados a esto de la craft beer, saben bien que la preparación de una buena birra, ya sea de consumo personal o para venta al consumidor, precisa pulcritud en todo momento, gusto por hacer las cosas y para rematar la faena, levantar todo el desorden que se pueda llegar a hacer.

De igual manera, en estos últimos cinco años, terminé en medio de una aventura con una gama de altibajos muy interesantes: Ser panadero.

Sean o no aficionados a la fabricación del pan, deben ustedes saber que los menesteres de la masa también tienen su chiste. No son nada del otro mundo, pero entre mejor los sepas hacer, mejor es el producto final.

El pan es mágico en sí mismo. Partamos de los ingredientes más básicos: Harina, agua y sal. Elementos que por sí solos son un fáciles de encontrar en cualquier despensa y que sin combinarse, bien se pudiera pensar que no tienen mayor relevancia.

Ah, ¡pero esperemos un momento! Justo igual que las Spice Girls, separados no dan para mucho, incluso hasta pueden llegar a empachar. Pero combinados en proporciones adecuadas, amasados con cuidado y resguardados bajo el calor del horno, esos tres ingredientes se convierten en uno de los alimentos más deliciosos que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemorables.

Para que un pan llegue a su punto, hay que dejarlo levar. Que la masa repose un buen rato. Se vuelve a amasar. Se vuelve a dejar reposar. Y por supuesto, no se debe estar vigilando el horno en el cocimiento, porque si no nunca va a levantar.

Por último y por razones fortuitas, también en estos últimos años me he visto envuelto en el cuidado de un huerto doméstico. No crean que soy un granjero aventajado. ¡Ya quisiera! Simplemente es un muy humilde par de cajones de cultivo.

La tierra ha sido buena con nosotros y en este tiempo hemos cosechado al menos, un kilo de jitomates, cuatro plantas de epazote y muchos girasoles. Pero como ya se imaginan a estas alturas, esto de la siembra también es algo muy particular.

Germinar semillas no es cosa sencilla, o al menos, no para mi. Si bien hemos recolectado frutos de la tierra, ha sido a costa de muchas plantas que se quedaron en el camino. Y bueno, en veces, el proceso de descomposición de la composta no tiene un aspecto y olor muy agradables.

Sin embargo, ya sembrada la semilla, el trabajo está ahí y es satisfactorio ver cómo se van dando las cosas. De nuevo, no es de la noche a la mañana.

Por eso, si una moraleja les puedo dar de tener barba, fabricar cerveza, hacer pan y sembrar algunas semillas es, hay que darle tiempo al tiempo. Quizás por algo he terminado envuelto en todo esto. Ya se verá.

Recuerden: Darle tiempo al tiempo.

B.