Cierre del 2025

Hay años que no se viven, se sobreviven.

En ocasiones, cuando a una persona se le ve un semblante maltratado, de cábula se le dice que «lo corrieron en terracería, incluso con todo y el freno puesto». La analogía no solo alude al uso rudo, sino también al maltrato que se le puede dar a un vehículo: ese que todavía jala, pero cuyo deterioro es notorio.

Se puede decir que este 2025 estuve corriendo en terracería. Aunque no quisiera, para bien o para mal, este año será recordado por un alud de eventos canónicos que se dejaron sentir: algunos por lo duro y otros por lo tupido.

Si bien dicen que «los tipos duros no bailan», también es cierto que, de tanto aguantar, uno termina con contusiones en la mollera. Entonces, la cosa no es ponerse a dar de topetazos, sino no amarrarse y dejar fluir las cosas.

Y pues sí: a la fecha en que esto se escribe, algunas personas me han recomendado que «hay que dejarse sanar». Como reza el viejo refrán, cada quien entiende eso como Dios le da a entender… o como a cada quien se le da la gana.

Justo me iba a poner a hacer el recuento, pero la neta no sé si valga la pena. Aún dudo si quiero recordar todo lo que ha pasado, aunque de eso va este texto.

La salida de una persona fundamental en mi equipo de trabajo. El cierre de varios negocios en mi barrio, a los que frecuentaba y les tenía estima. El derrumbe de varias casas en mi zona para convertirlas en edificios. El luto inconcluso por una persona cercana.

La enfermedad, agonía y muerte de otra persona a la que amé (y amo muchísimo). Una serie de reparaciones domésticas que, hasta el momento, habían tardado en concretarse. Una separación necesaria, pero separación a final de cuentas. Otra muerte más, ahora la de una mascota.

El cierre de la empresa donde trabajaba. Enterarme del cierre de otras empresas, incluso una en particular donde trabajaba un querido amigo. Financiarme con créditos, tarjetazos y préstamos. Un resfriado con tos de perro que ya duró más de lo debido.

Una serie de sesiones con el dentista para no dejar caer una dentadura con más hoyos que una carretera con las coladeras abiertas. Y eso es de lo que me acuerdo…

A final de cuentas, creo que es como si todas estas cortaduras fueran necesarias para poderme liberar de una piel antigua y estirarme a gusto. Vamos viendo.

B.


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