
Un disco donde el folk neoyorquino abrazó a la música sudafricana y salió una hermosa joya mestiza, que suena a cruce de caminos y paisajes nuevos.
En 1986, Paul Simon lanzó Graceland, un álbum que cruzó fronteras musicales y políticas con elegancia y curiosidad. Combinando pop occidental con ritmos sudafricanos, el disco convirtió la exploración sonora en un puente cultural lleno de energía, belleza y contradicción.

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