• El post sobre el post que no escribí ayer

    Sobre cómo una interrupción de un día no corta del todo el hilo: solo revela otra forma de seguirlo.

    La cosa es así.

    Según yo, me había propuesto escribir diario durante 7 días. Así, al hilo. A ver si me salía.

    Un poco para ver si tenía ganas de hacerlo —que sí—. Un poco para ver si encontraba temas de qué hablar —que también—. Porque igual creo que ya lo he dicho antes: la cosa no es que me falten temas. Más bien pienso en tantas cosas que, al querer desarrollarlas todas, eso es lo que luego me deja medio pasmado.

    Pero bueno, no pasa nada.

    El chiste es que el día de ayer no publiqué.

    No por no querer, sino porque fue un día fuera de lo común y eso cambió la dinámica.

    Hoy, aunque ya fue —o digamos que es— un día más regular, tampoco tiene la misma dinámica que un día entre semana. Porque bueno, el día en que se escribe esto es fin de semana. Y eso está bien, porque también me está haciendo conocer esta dinámica de escribir diario.

    O sea, parece muy obvio, pero en la práctica descuidé que también la atmósfera, el contexto, la situación o la vibra de cada día hacen fluir o atoran un poco la dinámica de ponerme a escribir.

    Vamos, incluso no suena como algo tan trascendental, si quieren. Pero ahí está. Y es cierto.

    Y eso me hizo pensar.

    Porque en temas de trabajo —en algunos proyectos me toca trabajar con contenidos— lo ideal es producir todos los materiales de un jalón, o al menos la mayor cantidad posible. Y ya cuando están listos para ver la luz, pues obvio no se publican manualmente uno por uno. La tecnología ya te da la facilidad de dejarlos hechos, dejarlos programados y que se publiquen y distribuyan solitos.

    Pero esa no era la intención inicial de este ejercicio.

    El punto no era armar un sistema de publicación. El punto era quitarme el óxido y hacer de esto un hábito.

    Y justo el no haber escrito ayer, más la cosa irónicamente poética de que hoy escriba sobre por qué no escribí ayer, me dejó pensando en algo que parece obvio, pero que por lo mismo a veces uno no ve:

    Escribir diario no es lo mismo que publicar diario.

    Lo cual, abre una tensión medio rara.

    Porque tal vez sí podría hacer lo que hago en proyectos de contenido: dejar varios textos escritos y programados de una sola vez. Eso resolvería la continuidad visible. El blog se seguiría moviendo. Habría una publicación diaria. Todo bien.

    Pero entonces me pregunto si eso sería hacer trampa.

    O no trampa, porque tampoco estamos en la primaria y nadie me está revisando la tarea. Pero sí me pregunto si eso sería traicionar un poco el espíritu de lo que estoy intentando hacer.

    Porque justo lo que quería era escribir un post diario durante al menos 7 días. Y si todo salía bien, seguirme con otra serie más larga, y luego otra, y así ir haciendo el hábito.

    No necesariamente “publicar algo diario” como quien alimenta una maquinaria de contenido.

    Sino escribir.

    Sentarme.

    Encontrar algo.

    Agarrarlo.

    Darle forma.

    Aunque sea poquito.

    Aunque sea torpe.

    Aunque sea sobre por qué ayer no escribí.

    Pienso en banda como Seth Godin, que según esto escribe diario, o al menos de lunes a viernes. Y lo admiro mucho. Pero también me pregunto si él escribe diario, publica diario, programa diario, o si más bien ya tiene tan aceitada la máquina que esas diferencias se vuelven menos importantes.

    Y luego están esos consejos que rondan por ahí en redes sociales, del tipo: “los escritores tienen rutinas de escribir ocho horas diarias”, “si quieres escribir, escribe diario”, “la disciplina le gana a la inspiración”, bla, bla, bla…

    Y no sé si confiar o sentirme medio estafado.

    Porque sí: suena muy bonito. Pero una cosa es la frase motivacional y otra cosa es ver cómo se acomoda eso en la vida real, con días raros, fines de semana, pendientes, cansancio, cambios de planes y una cabeza que a veces trae más pestañas abiertas que navegador de diseñador buscando referencias.

    Pero bueno.

    Eso no quita que si alguien escribe diario, o si deja textos hechos y los publica programados, deje de ser buen autor o mal autor. No va por ahí. Cada quien encuentra su método, su ritmo, su manera de sostener lo que quiere sostener.

    Lo que yo estoy intentando entender es qué necesito yo en este momento.

    Y creo que, por ahora, necesito escribir.

    No producir en bloque.

    No optimizar el flujo.

    No convertir esto en una parrilla editorial de mí mismo.

    Todavía no.

    Ahorita el motivo-propósito —por decirlo de alguna manera— es desoxidarme. Hacerme el hábito. Recuperar el músculo. Volver a agarrar flow, momentum y todas esas palabras que suenan medio mamonas, pero que cuando aparecen sí se sienten.

    Ya después podré escribir de cualquier tema que quiera agarrar.

    SEO, blogs, trabajo, ideas, música, azoteas, lo que sea.

    Pero antes de eso necesito volver a sentarme acá y hacer que salga algo.

    En fin.

    De pronto esto se volvió medio rant, medio análisis y medio confesión de proceso. Pero lo más importante es que, al final del día, pensé que no iba a tener tema de qué hablar.

    Y aquí estoy.

    Escribiendo sobre por qué no escribí ayer.

    Y sobre algunas ideas que eso me detonó.

    B.


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  • Una chispa diaria para escribir

    Hay días en los que escribir no empieza con claridad, sino con una excusa mínima para seguirle dando.

    Estaba pensando sobre qué escribir el día de hoy, justo para mantener la continuidad de estos días.

    Le doy un poco de vueltas porque sí tengo cosas que quiero platicarles, pero todavía las estoy desarrollando un poco más. Y la neta, aún sigo desempolvándome en esto de la escribida.

    En el mientras, recordé que cuando usas WordPress como gestor de contenido, existe esta onda del plugin de Jetpack que se llama Daily Prompt.

    Si esta línea se oye toda compleja y mafufa, aguanten, queridos lectores. No es crema en los tacos.

    Me explico: WordPress es una plataforma que te permite crear, organizar y publicar contenido en un sitio web sin tener que programarlo todo desde cero. Es la herramienta que me facilita publicar en este blog. Por eso se llama gestor de contenido.

    Un plugin, por su parte, es una pieza extra que se instala en WordPress para agregarle funciones nuevas a tu sitio sin tener que programarlas desde cero.

    Y, a su vez, una de esas funciones es justo Daily Prompt.

    Daily Prompt es un bloque de Jetpack que te sugiere una pregunta o disparador diario para escribir una entrada cuando no tienes mucho norte para arrancar. O sea, sí, medio cuando te quedas dos-tres seco de ideas… ¡pero igual funciona!

    Es una invitación diaria a escribir: Jetpack te da un tema, tú lo respondes desde tu blog.

    Y la neta, puede funcionar como una chispa diaria para convertir una pregunta simple en una publicación personal.

    Al principio te quedas así de: “¿Cómo puedes creer que una persona que quiere escribir se queda sin tema de escritura?”.

    Y pues sí pasa.

    Se los dice el que escribe acá, atrás de este teclado.

    Luego, cuando descubres y echas mano de este tipo de herramientas, como la que aquí les platico, también puedes pensar: “No manches, esto es para banda que para todo tiene opinión”.

    Pero bueno, ya entrados en calor, en parte sí.

    Aunque también, la neta, la gente que escribe por gusto y que además usa estas herramientas, sí se tomó el tiempo y tuvo las ganas de expresarse acerca del tema propuesto.

    Eso, más que crítica, merece reconocimiento. Porque esas personas sí tuvieron la iniciativa de sentarse a escribir cuando uno, en muchas ocasiones, nomás se queda así de: “…”.

    Y bueno, irónicamente, en este momento pensé que iba a recurrir a esa herramienta para escribir algo hoy. Pero el simple hecho de hablar de esto ya hizo que tuviera algo que platicarles. Jejeje.

    Igual y en futuras entradas sí la aplico para que vean cómo funciona y de qué va.

    Mientras, ya salió el post de hoy.

    B.


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  • Esto va de mostrar

    Vuelvo a escribir sin tener todavía todo resuelto, pero con la intuición clara de que algo necesita salir a la luz.

    A la par de que he estado retomando la escritura en este blog, también he estado pensando sobre qué quiero hablar y cómo lo voy a decir.

    La premisa básica es: mostrar.

    Inicialmente pensé en “mostrar mi trabajo”, siguiendo los consejos de Show Your Work, de Austin Kleon, uno de mis autores favoritos.

    Sin embargo, parte de mi trabajo es estar al tanto de los medios digitales. Y si bien quiero investigar con certeza cuál es el estado de los blogs en 2026 —año en el que se escribe esto—, la verdad es que empíricamente uno se puede dar cuenta de que ya no son la fuente de contenido que eran, por ejemplo, allá por 2007, cuando comencé a escribir en este noble medio.

    Pero eso no es un impedimento.

    Yo quiero venir aquí a escribir y a publicar.

    Justo en este preciso momento, de eso va el ejercicio. Después, ya veremos.

    Y en ese “después, ya veremos” estaba, en parte, documentar cómo actualizo este sitio y, sobre todo, cómo le doy una manita de gato a su SEO.

    Pensé que iba a estar papita, pero ya haciendo la recopilación de las notas que quiero documentar se armó toda una ruta que vive por sí sola.

    Anyway.

    Ya no me quedo entonces solo con la idea de “mostrar mi trabajo”, sino más bien con algo más simple y llano: mostrar.

    Quizás los posts de estos días, en los que me he estado quitando el óxido de encima, estén un poco parcos. O quizás un poco redundantes.

    Pero bueno, el ejercicio es justamente ese.

    Van a ver que esto va a crecer y a esponjar como pan con levadura.

    B.


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  • Ahí estaba el post del día… Ahí estaba…

    Hay ideas que cruzan por la cabeza, prometen convertirse en algo y de pronto… algo se mueve y se vuelven puro rastro.

    Estaba cenando tranquilamente mientras pensaba sobre qué escribir el día de hoy.

    En eso, se me ocurrió una frase que me gustó. Pero pensé que tal vez no era tanto para un post largo, sino más bien algo por el estilo de un statement. O sea, algo más cercano al viejo Twitter o justo a los status de WordPress.

    Y pensé: ahora que tengo planes de remodelar mi blog y que quiero seguir escribiendo, quizás valga la pena incluir un tipo de post, o incluso una sección, para este tipo de contenidos más breves. Algo más en modo declaración, apunte, pensamiento suelto, fogonazo.

    Y estaba yo elucubrando sobre eso, cuando se me olvidó la frase en sí misma. ¡Plop!

    Por andar pensando en la inmortalidad del cangrejo, ni siquiera me dio tiempo de anotarla.

    Luego, estaba explorando mis apuntes en Keep —al cual, por cierto, no había utilizado tanto como ahora y cada vez le veo más sentido de utilidad que solo ser una app para tomar notas random—, cuando sucedió lo mismo.

    No sé qué vi que dije: “Ah, ¡pero por supuesto! Si tomo este tema, ahí está el post del día”.

    Y estaba por anotarlo cuando cambié de ventana, algo más me distrajo y lo perdí.

    Y bueno. Tropiezos míos aparte, la neta es que ando contento por volver a escribir. Tomo todo esto como seña de que quiero contarles sobre todo lo que encuentro.

    Pero, para variar, mi tema no es que no tenga tema. Es que tengo tantas cosas en la cabeza que una sepulta a la otra y luego se me olvida qué iba a decir.

    Ya saben: uno de esos episodios en los que entras a la cocina y te quedas pensando a qué ibas a la cocina.

    En fin.

    Creo que es una buena seña que quiera escribirles acerca de todo lo que veo.

    Ahora la cosa es que no se me escape en la inmensidad.

    B.


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  • Está oscuro, pero no tan oscuro

    Una nota sobre dejar constancia de algo que seguramente es efímero.

    Son las 10:00 p.m.

    Subo a la azotea.

    Está oscuro, pero no tan oscuro.

    La noche es un poco calurosa, pero si el viento sopla, trae el fresco. Tiendo algo de ropa al aire, en medio de esa semipenumbra.

    Veo a mi alrededor.

    Hay algunos edificios más altos que me tapan la visión periférica. Sin embargo, a cambio me regalan la vista nocturna hacia el interior de algunas casas con la luz encendida. Cocinas del edificio de la esquina, en su mayoría.

    En lo más alto de los edificios: tinacos.

    Tanques de agua que parecen mastodontes durmientes, uno al lado del otro.

    Contemplo el sonido.

    Decido grabarlo.

    En la penumbra se oyen los grillos, pero también el bullicio lejano de la ciudad: música a lo lejos, autos pasando por un distribuidor vial más allá, el tronido de unos cuetes de alguna celebración en alguna iglesia.

    Grabo para dejar registro.

    B.


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