Ahí estaba el post del día… Ahí estaba…

Hay ideas que cruzan por la cabeza, prometen convertirse en algo y de pronto… algo se mueve y se vuelven puro rastro.

Estaba cenando tranquilamente mientras pensaba sobre qué escribir el día de hoy.

En eso, se me ocurrió una frase que me gustó. Pero pensé que tal vez no era tanto para un post largo, sino más bien algo por el estilo de un statement. O sea, algo más cercano al viejo Twitter o justo a los status de WordPress.

Y pensé: ahora que tengo planes de remodelar mi blog y que quiero seguir escribiendo, quizás valga la pena incluir un tipo de post, o incluso una sección, para este tipo de contenidos más breves. Algo más en modo declaración, apunte, pensamiento suelto, fogonazo.

Y estaba yo elucubrando sobre eso, cuando se me olvidó la frase en sí misma. ¡Plop!

Por andar pensando en la inmortalidad del cangrejo, ni siquiera me dio tiempo de anotarla.

Luego, estaba explorando mis apuntes en Keep —al cual, por cierto, no había utilizado tanto como ahora y cada vez le veo más sentido de utilidad que solo ser una app para tomar notas random—, cuando sucedió lo mismo.

No sé qué vi que dije: “Ah, ¡pero por supuesto! Si tomo este tema, ahí está el post del día”.

Y estaba por anotarlo cuando cambié de ventana, algo más me distrajo y lo perdí.

Y bueno. Tropiezos míos aparte, la neta es que ando contento por volver a escribir. Tomo todo esto como seña de que quiero contarles sobre todo lo que encuentro.

Pero, para variar, mi tema no es que no tenga tema. Es que tengo tantas cosas en la cabeza que una sepulta a la otra y luego se me olvida qué iba a decir.

Ya saben: uno de esos episodios en los que entras a la cocina y te quedas pensando a qué ibas a la cocina.

En fin.

Creo que es una buena seña que quiera escribirles acerca de todo lo que veo.

Ahora la cosa es que no se me escape en la inmensidad.

B.


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