¿En qué momento se usa cada uno al escribir? Aquí está la explicación.
Esto es de esas cosas que uno cree que ya tiene claras… hasta que toca escribirlas. Y sí, es una duda muy común. Pero también es de esas que, una vez que entiendes el truco, ya no se te olvida. Así que aquí va, para mí y para quien más lo necesite.
Porque
Va junto y sin tilde. Es una conjunción. Sirve para unir ideas y dar una razón.
Ejemplo: Está aquí porque le pidieron que viniera.
Por que
Va separado y sin tilde. Aquí se juntan una preposición (por) y un pronombre (que). Un tip útil: muchas veces se puede reemplazar por por el que, por el cual, por la cual, etc.
Ejemplo: El motivo por que se enojó es una tontería. (= El motivo por el cual se enojó…)
Porqué
Va junto y con tilde. Es un sustantivo, como decir “el motivo” o “la causa”.
Ejemplo: Justo aquí el porqué de haber escrito este libro.
(Si lo puedes poner con “el” delante, como el porqué, es este caso).
Por qué
Va separado y con tilde en qué. Se usa cuando estás preguntando (aunque no siempre lleve signos de interrogación).
Ejemplo: ¿Y por qué no me dijiste?
Espero que este recordatorio les sirva tanto como a mí. Lo escribí justo para eso: para no volver a dudar la próxima vez que me enfrente a una de estas combinaciones. Porque sí, el idioma a veces se enreda… pero también se deja domar.
Todas han sido experiencias dentro de áreas que son de mi agrado e interés. Lo curioso aquí, es que de cierta manera, antes de emprender cada una de estas aventuras, he recibido el mismo consejo, más o menos con las mismas palabras.
La primera vez, fue por allá del 2007, mientras estudiaba para convertirme en creativo publicitario. En ese entonces, una de las tareas era buscar anuncios que a nuestro parecer fueran malos, analizarlos y convertirlos en piezas creativas.
Es bien sabido que en mucho de los casos, la publicidad es molesta porque, además de ser intrusiva, su mensaje es vacío, precario y hasta insultante. Pero no así cuando es bien realizada. Por ejemplo, todos odiamos que interrumpan un programa de TV, pero por otra parte, muchos esperan ver los comerciales programados durante el Super Bowl.
Después de varias prácticas y lecciones, uno de los consejos más comunes entre todos los instructores era: «Para hacer buena publicidad, haz la publicidad que a ti te gustaría ver».
Tiempo después, me dediqué a hacer pan. Como era de esperarse, quise profesionalizarme en el ramo y tomé varios cursos de gastronomía, panadería y repostería.
El pan es algo maravilloso. Uno de los alimentos más ricos en todos los sentidos de la palabra. Sobre todo, si se opta por materia prima de primera calidad, en vez de productos químicos para industrializar su preparación.
Fue en el apasionante mundo de las masas, en donde varios maestros panaderos me pasaron «su receta» para hacer buen pan. Y ahí estaba, una vez más: «Para hacer buen pan, haz el pan que a ti te gustaría comer».
No fue tan distinto cuando aprendí el proceso de elaboración de cerveza. Después de tomar varios cursos, no fueron pocos maestros cerveceros los que coincidieron con la fórmula ganadora: «Para hacer buena cerveza, haz la cerveza que a ti te gustaría beber».
Y sí, cabe mencionar que a estas alturas, quizás todo sea una y otra vez la reinterpretación de aquella frase que dice: «Si quieres ser escritor, comienza por escribir el libro que quieras leer».
Como sea, es uno de los mejores consejos de los que pueden echar mano. Sobre todo, cada vez que tengan la intención de iniciar algo.
De estas cuatro cosas he aprendido la misma lección. Quizás una de las más importantes en mi vida.
No están para saberlo, pero digamos que, ya desde hace algún tiempo en mi existencia, me ha tocado revalorar la paciencia a base de enseñanzas de la vida.
Sin duda, a pesar de que son lecciones de las que a veces uno no sale entero, las valoro. Después de todo, esto no es una queja. Muchas cosas buenas han salido de esos momentos.
Para quienes me conocen en persona, saben que desde algunos años, me he propuesto a conseguir una barba digna de los ZZ Top o incluso, del mismísimo y legendario mago Merlín.
Es un look que, aunque técnicamente puedo lograr con relativa facilidad por tener barba cerrada, no se consigue de la noche a la mañana. Mantener una barba exige cuidados, atención y sobre todo, paciencia.
Si alguien se dispone a dejarse crecer la barba, ésta se debe mantener constantemente. Humectar la vellosidad resulta primordial para que no se haga como estropajo. Y no se diga hacer un retoque constante al corte, incluso si el objetivo es alcanzar longitud.
En otro momento, me propuse a fabricar cerveza artesanal al lado de un buen amigo, a quien cercanos reconocen como El Tona. Un tipazo.
Poner manos a la obra y hacer tu propia cerveza en la cocina de tu casa, si bien es más fácil de lo que uno pudiera pensar, tienen por definición ciertos preparativos que hay que seguir.
Los que son aficionados a esto de la craft beer, saben bien que la preparación de una buena birra, ya sea de consumo personal o para venta al consumidor, precisa pulcritud en todo momento, gusto por hacer las cosas y para rematar la faena, levantar todo el no poco desorden que se puede llegar a hacer. Y claro, la paciencia para dejarla fermentar y embotellar.
De igual manera, también en algún momento, terminé en medio de una aventura con una gama de altibajos muy interesantes: ser panadero.
Sean o no aficionados al arte de hacer pan, deben ustedes saber que los menesteres de la masa también tienen su chiste. No son nada del otro mundo, pero entre mejor los sepas hacer, mejor es el producto final.
El pan es mágico en sí mismo. Partamos de los ingredientes más básicos: harina, agua y sal. Elementos, que por sí solos, son un fáciles de encontrar en cualquier despensa y que sin combinarse, bien se pudiera pensar que no tienen mayor relevancia.
Ah, ¡pero esperemos un momento! Justo igual que las Spice Girls, separados no dan para mucho, incluso hasta pueden llegar a empachar. Pero combinados en proporciones adecuadas, amasados con cuidado y resguardados bajo el calor del horno, esos tres ingredientes se convierten en uno de los alimentos más deliciosos que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemorables.
Para que un pan llegue a su punto, hay que dejarlo levar. Que la masa repose un buen rato. Se vuelve a amasar. Se vuelve a dejar reposar. Y por supuesto, no se debe estar vigilando el horno durante el cocimiento, porque si no, nunca va a levantar.
Por último y por razones fortuitas, desde hace ya varios años me he visto envuelto en el cuidado de un huerto doméstico. No crean que soy un granjero aventajado. ¡Ya quisiera! Simplemente es un muy humilde par de cajones de cultivo.
La tierra ha sido buena con nosotros y en este tiempo hemos cosechado al menos, un cuartito de jitomates, cuatro plantas de epazote, un puño de papas baby, algunos pimientos, muchos girasoles y el mayor de los greatest hits: una piña. Pero, como ya se imaginan a estas alturas, esto de la siembra también es algo muy particular.
Germinar semillas no es cosa sencilla, o al menos, no para mi. Cero que ver con lo que te decían en la escuela del frijolito en el algodón. Basta con que se te olvide regar las plantas un solo día para que te las encuentres desmayadas en el piso.
Si bien hemos recolectado frutos de la tierra, ha sido a costa de muchas plantas que se quedaron en el camino. Y bueno, en veces, el proceso de descomposición de la composta no tiene un aspecto ni un olor muy agradables.
Sin embargo, ya sembrada la semilla, el trabajo está ahí y es satisfactorio ver cómo se van dando las cosas. De nuevo: no es de la noche a la mañana.
Por eso, si una moraleja les puedo dar de tener barba, fabricar cerveza, hacer pan y sembrar algunas semillas, es esta: paciencia. Hay que darle tiempo al tiempo. Quizás por algo he terminado envuelto en todo esto. Ya se verá.
Este es un punto de encuentro entre la memoria y la imaginación. Una bitácora que comparte música, documenta referencias culturales y registra nuevas ideas.