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Archivo morgue

Un archivo morgue es donde se guardan las cosas muertas que más tarde pueden regresar a la vida.

Siempre me he considerado un coleccionista.

Las personas que me conocen saben que junto de todo. Aunque todo este stuff, se puede dividir en tres categorías: objetos, ideas y “cosas” digitales.

Para los objetos, tengo la fortuna de contar con un pequeño cuarto de cachibaches. Algunas personas preferirían tener herramientas o más formalmente un estudio. Yo guardo todo tipo de cosas, que para mi, son bellas y tiene algún valor más imaginativo que otra cosa.

Con las ideas sucede algo similar. Desde hace más de diez años, por lo regular, llevo una libreta conmigo y apunto todo lo que se me ocurre. Curiosamente hasta este año, descubrí que la metodología bullet journal es algo que me sienta bastante bien para el propósito. Cosa que ha logrado refinar mi costumbre de anotar todo.

De escribir en estas libretas, qué les puedo decir. Apunto pendientes, ideas, dibujo por placer y hago sketches de cosas diversas, entre otras muchas cosas más. En pocas palabras, una libreta que pueda llevar a todas partes, es algo que se ha convertido en parte de mi persona. A la fecha llevo redactados más de quince volúmenes.

En cuanto a “las cosas digitales”, en general uso aplicaciones como Feedly, Evernote y Pocket. Aunque para ser justos, nada me ha servido igual que un blog. De hecho, tener a la mano la colección de todo lo que veo en la web, es en parte uno de los propósitos de abrir el actual espacio.

Esto fue en su momento, una clave del éxito de mi primer blog allá por el 2005. Simplemente reseñaba todo lo que me llamaba la atención en Internet. De todos esos artículos, pude consultar información que me fue muy valiosa en cosas que hice después.

Con el paso del tiempo y de la mano de Austin Kleon, descubrí que a esto de coleccionar cosas para tenerlas a la mano y usarlas en distintos proyectos, se le llama “archivo morgue”.

Originalmente, un archivo morgue es una colección de carpetas que contienen archivos, notas y recortes de artículos, que usaban en gran parte investigadores (principalmente investigadores forenses) y periodistas, para poder tener acceso a referencias rápidas.

Al transcurso de los años, este mismo uso se amplió a editores de video, siendo el lugar donde guardaban pietajes para películas, así como trabajos inactivos o proyectos que quedaban enlatados por una cuestión u otra.

La anécdota del nombre es un tanto curiosa. Resulta que los antiguos ficheros bibliográficos, así como algunos archiveros de metal, lucen (o solían lucir), como las gavetas en donde se guardan los cuerpos en una morgue. No es coincidencia que con el humor negro de algunos investigadores forenses, su archivo de referencias haya terminado nombrándose de esa manera.

Cuando vas juntando referencias que crees que te pueden servir después, mucha gente te ve como un acumulador. Hay una enorme diferencia entre ser un acumulador y ser un coleccionista. Aunque en la práctica, sólo existe una línea muy delgada que separa a uno con el otro.

El gran truco de esto, consiste en que los acumuladores juntan indiscriminadamente. Los coleccionistas son selectivos, sólo juntan las cosas que de verdad les gustan, porque ven algo especial en ellas.

Para muchas personas como yo, en donde parte fundamental del desarrollo de proyectos consiste en tener cientos de referencias a la mano, tener un archivo morgue resulta fundamental. En ocasiones, sólo se puede ser tan bueno como las ideas que uno recolecta con el paso del tiempo.

Mientras más buenas ideas se tengan a disposición, se pueden obtener mejores colecciones de referencias y por lo tanto, se tiene un espectro más amplio del cual uno puede dejarse influir para sacar adelante cierto tipo de proyectos.

El archivo morgue es por tanto, el lugar (físico o digital) para almacenar todas esas cosas que pueden servir para más adelante. Si hay algo que vale la pena guardar, se deposita en el archivo morgue. Y si se necesita un poco de inspiración, se revisa el archivo morgue.

Por mi parte, sólo me queda invitarlos a que ustedes queridos lectores, abran su propio archivo morgue también. Quién sabe, quizás con el tiempo, a lo mejor terminamos teniendo un archivo morgue tan popular como el del New York Times.

B.